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Vengo de hacer un programa intensivo para mantener en forma el espíritu sensorial. Llévese esta pauta y practíquelo usted también.

El oído
Las Semanas Musicales no son el único regalo para el oído que ofrece Frutillar. Encontrará mujeres de taco alto camino a un concierto, escuchará ensayos de violines y recibirá los "buenos días" de señores con partituras en las manos. La música reina todo el año, con festivales como el de Música Barroca y Sacra, y los de Jazz, en invierno. Si tiene ganas de hacer un aporte, colabore para terminar la construcción del Teatro del Lago. Anótese con 15 dólares en www.teatrodellago.cl y un ladrillo lucirá su nombre en uno de los muros. ¿Más dulces sonidos? Los pajaritos que me despiertan en la mañana. Con algo de suerte, el canto del chucao.
La vista
No se aburrirá nunca de mirar el Lago Llanquihue y los volcanes Osorno, Puntiagudo y Calbuco. Mejor al atardecer, desde el bar del Hotel San Francisco. Duerma en el Hotel Ayacara, casa de 1910 remodelada notablemente, cuyo programa de Semana Santa ofrece tres noches con media pensión desde $155.000 (www.hotelayacara.cl). Disfrute el paisaje en un banquito de la costanera o desde el mirador del Museo Colonial Alemán. A pocos pasos, un herrero lindo pero mal genio grabará su nombre en una herradura para llevarse de recuerdo ($ 3.000). El Teatro del Lago, a medio construir, pero ya funcionando sobre el Llanquihue, ofrece asientos en el café CapPuccini y conciertos en vivo desde el Anfiteatro Llanquihue.
El olfato
Esté atento hasta fines de marzo con la sobrepoblación de rosas, fucsias, dalias dobles, tritomas (altas espigas rojas y amarillas) y malvas triples. Para apreciar en toda su dimensión los fragantes rododendros, venga en octubre. Además de vitrinear jardines privados, pase por el vivero de Vicente Pérez Rosales 815, donde Sergio Ruiz comparte semillas y muestra su huerto inundado de porotos payares y arvejas que se pueden comer tal cual, sin cocinar. También arrienda cabaña con permiso para cosechar lechugas gratis (sruizw@gmail.com). Recorra el Museo Colonial Alemán que, además de recrear el estilo de vida de los inmigrantes, mantiene tres hectáreas de flora. www.museosaustral.cl
El Gusto
No se vaya sin catar la cerveza Colonos, cien por ciento natural, sin aditivos, sin pasteurizar ni filtrar. Tampoco deje de probar los kuchenes de recetas importadas por las mujeres de los inmigrantes y traspasadas a sus bisnietas: tartas de masa blanda, cubiertas de manzana, murta, frambuesa, nuez. Éxito asegurado en Kuchen Laden, Trayén o el Café Alemán. ¿Más delicias? En el km 2, camino a Totoral, despliegue sus sentidos para conocer el restaurante Se Cocina, donde puede ayudar a la chef a preparar las exquisiteces que luego comerá. www.secocina.cl
 

La pasajera

La vida color de rosas

Como tengo muy buena suerte (el chucao me cantó por la derecha, y eso significa buena suerte de veras; si le canta por la izquierda, póngase la ropa al revés para esquivar el mal de ojo, así advierten en Chiloé), entre las muchas buenas cosas que me han pasado, una vez trabajé oliendo flores en Provenza, la costa azul francesa. "Huela rosas", me dijeron. "Hártese de ellas". Miles distintas: centifolias, floribundas, grandifloras. Después, muchas otras lavandas, hasta que me picara la nariz. Y jazmines que, de tan fragantes, muchos creen hediondos: del Cabo, chino, español. Yo me mareé con tanta hermosura, pero cumplí con la tarea encomendada: intentar ser una "nariz" profesional para valorar la esencia de los perfumes galos.

Añadiré un dato más suertudo a mi biografía rosa: caminando con Don Nica -Nicanor Parra, sí- por Las Cruces una mañanita de octubre, y después de confesarle que yo era periodista, el poeta de mi vida me catapultó un inolvidable: "¡yo que vi todo color de rosas!" Con borrón y cuenta nueva, gastamos el día mezclando poesía y vida cotidiana: a ratos él no paraba de hablar del "tata" Shakespeare, después almorzamos porotos granados, me dejó recitarle su poema No hay Olvido, que memoricé a los ocho años, repasamos sus cuadernos escritos con lápiz mina y hablamos importantísimas leseras mirando por la ventana.


 
foto de articulo

Por Soledad Castro

Chileno-española, aprendió a disfrutar ser de todas partes y querer ir a todas partes. Esta periodista alterna sus viajes con escrituras. 
solecastrob@gmail.com